LAS MEDALLAS DE VERNON – 250 AÑOS DE CATALOGACIÓN

por Fernando Chao (h)

 

Relataremos en forma breve, para darnos una idea del tema, los acontecimientos que tuvieron lugar en una parte del Virreinato de Nueva Granada en el siglo XVIII y que dieron pie a la aparición de tantas medallas y de toda esta rica producción de literatura numismática.

Medalla de la toma de Portobello

El almirante Edward Vernon navegó desde Inglaterra con seis navíos y en noviembre de 1739, sin previa declaración de guerra, tomó Portobelo, ciudad de renombre casi mitológico, pero que en aquella época presentaba sus obras de defensa y armamento totalmente abandonadas. El fervor que despertó esta victoria en el pueblo inglés fue indescriptible.

Medalla de la toma del Fuerte Chagre

Atacó luego y arrasó un pequeño puesto naval, casi una factoría, que es todo lo que en realidad representaba el Fuerte del Chagre, situado al igual que la anterior conquista en el actual Panamá. Esto redobló el delirio triunfalista en Gran Bretaña. Toda esta campaña, hasta sus combates finales, estuvo marcada por la impresión de una innumerable cantidad de panfletos y folletos laudatorios y la aparición en el mercado de masivas cantidades de medallas y objetos recordatorios.

Durante el año de 1740, el almirante Vernon se dedicó en Jamaica a reunir la más grande flota que surcara el Mar Caribe y a fines de marzo de 1741, se presentó con ella frente a Boca Chica, único ingreso por mar a Cartagena. Esta ciudad, localizada en la actual Colombia y puerto de verdadera importancia, contaba con una serie imponente de medidas de defensa escalonadas y fortificaciones de envergadura, aunque todas ellas mal mantenidas.

Medalla de la presunta toma de Cartagena y rendición de Lezo

Tenía la armada inglesa, la cantidad inconcebible aún para nuestros tiempos de 139 navíos de diversos tipos y más de 20.000 hombres, entre marinos y soldados, perfectamente pertrechados para derrotar a la defensa virreinal, ejercida por poco más de 2.000 combatientes, entre los que formaban unos 800 indígenas.

No fue debido tan solo a los errores de entendimiento entre el jefe naval – Vernon – y el militar – Wentworth –  como ha repetido tradicionalmente la historia oficial británica, sino y muy fundamentalmente a las medidas defensivas y movimientos de retirada escalonada que dispusieron el gobernador Marqués de Eslava y don Blas de Lezo, su general, los que llevaron a la final derrota británica luego de un mes de incesantes combates.

Las primeras noticias recibidas en Londres sobre la captura del fuerte que controlaba la entrada al puerto, deliberadamente positivas y optimistas, hicieron que hasta el último súbdito inglés conociera el nombre de Edward Vernon, el nuevo héroe nacional, quien venciendo a Don Blas de Lezo había restaurado el honor de la patria. Providencialmente, un mes más tarde, la información del fracaso final de la aventura de Cartagena, se superpuso con la noticia de un nuevo proyecto que ayudó a mantener los ánimos caldeados.

Medalla de la presunta toma de La Habana y detalle con la leyenda

 

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Vernon iba a forzar como último recurso y con los restos de sus fuerzas, la ocupación de Cuba y la toma de La Habana, su capital. De este último proyecto, en el que al desastroso efecto del clima se sumó una decidida guerra de guerrillas por parte de los defensores españoles, debió retirarse en forma humillante y con sus tropas marcadamente reducidas en número y efectividad. Este fracaso final, trajo como consecuencia la retirada definitiva de la siempre agresiva marina de Su Majestad Británica de las costas de la América Central.

No es habitual que se escriba tanto y a lo largo de tantos años, sobre un mismo tema de numismática. Más aún cuando el conjunto estudiado presenta una marcada cantidad de características negativas.

Estas medallas, fabricadas de prisa para ser vendidas masivamente, están en general mal acuñadas o fundidas, son en su enorme mayoría de metales bajos y malas aleaciones, no están grabadas – en su casi totalidad –  por artistas dignos de ese nombre, se han fabricado a lo largo de tan solo dos años, en fin, parecieran piezas que no motivarían más que una breve – si es que cabe – observación.

Pero sin embargo, sin embargo…

Sobre estas piezas aparecidas las primeras en noviembre de 1739 y las últimas fabricadas a fines de 1741 o principios de 1742 han escrito un erudito sacerdote, un conde alemán y un conde inglés, un marqués que pertenece a la familia real británica, un presidente argentino y los más destacados numismáticos europeos y americanos, ni más, ni menos.

El honor de ser el primero en dar a conocer bibliográficamente una de estas medallas, según el gran investigador chileno de la historia y la numismática colonial americana, don José Toribio Medina, fue el Padre Henrique Florez en su “Clave historial” impresa en Madrid en 1749, quien describe y reproduce la pieza que, para Medina, en su catálogo lleva el número 76. Este grabado es incorporado como constancia de la soberbia inglesa abatida en Cartagena, al mostrar, reproducido en ella, el inexistente episodio de Don Blas de Lezo rindiendo su espada al inglés, desnudando ya en esa época el carácter insólito de estas medallas que mentían descaradamente.

Las dificultades en catalogarlas se acentúan ante los dislates históricos, las falsedades que traen en sus leyendas y las trasposiciones permanentes de hechos y lugares. Hay piezas que conmemoran la toma de Portobelo en las que aparece Don Blas de Lezo rindiéndose, cuando no estaba presente en esa plaza, al igual que las hay de Cartagena con el mismo motivo de Don Blas de rodillas y entregando su espada, cuando en realidad quienes se rindieron finalmente fueron los ingleses. Hay aún unas pocas en las que en esa misma toma hacen aparecer al Comodoro Brown como participante en los combates, cuando solo estuvo presente en Portobelo. Hay, por último, un grupo de piezas en las que se conmemora que se ha tomado La Habana. En fin, una serie de disparates y sin embargo…

Sin embargo ya en 1835, el conde de Renesse-Breidbach, en su obra “Mes loisirs, amusements numismatiques” Vol. III publicada en Amberes, describe, aunque muy defectuosamente, treinta de estas medallas dentro de las 37.506 piezas enumeradas.

Ya de este lado del Atlántico en 1867, 1868 y 1871, William Sumner Appleton en tres artículos publicados en el “American Journal of Numismatics” de New York llega a describir en total 75 variedades.

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Ángel Justiniano Carranza

Ahora nos toca el turno a nosotros. En 1874, Ángel Justiniano Carranza publica una conferencia que dio en el Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, titulada “El Almirante Vernon en las aguas de Nueva Granada”, en la que da a conocer, además de muchos datos históricos, tan solo las 15 piezas que forman su colección, pero entre las que sorprendentemente tenía una rarísima de plata.

En 1885 Edward Hawkins cataloga en la obra “Medallic Illustrations”, las 96 variedades más importantes existentes en el Museo Británico y agrega otras 26 con pequeñas variantes, cuidando los detalles, transcripción de leyendas,  diámetros y metales. Esta obra tiene el mérito de haber sido hecha científicamente a pesar de que los editores A. Franks y H. Grueber marcaron en el prólogo su auténtico desdén por estas series que eran por primera vez estudiadas en la propia Inglaterra.

Nuevamente en la Argentina y en 1893, Alejandro Rosa, gran numismático y director del Museo Histórico, publica en Buenos Aires, su obra “Medallas del Almirante Vernon”, donde describe 96 piezas y 25 variantes que llevan el total a 121. Es evidente que se ha basado en las series del Museo Británico y en el trabajo de Hawkins, como fuente principal.

Es en los Estados Unidos, más precisamente en New York y en 1894 cuando se publica la obra titulada “American Colonial History Illustrated by Contemporary Medals”, escrita por C. Wyllys Betts. La publicación, aparecida con posterioridad a la muerte de este gran numismático, nos demuestra que Betts había sido un verdadero apasionado por estas series y las presenta y describe con gran minuciosidad, llevando el número de ejemplares distintos a 167. La lectura de sus textos descriptivos es tediosa y algo confusa, pero con las medallas en la mano, se pueden identificar casi todas ellas. Este libro fue durante mucho tiempo la obra de referencia.

 

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Bartolomé Mitre

Llega aquí el turno a un presidente, y argentino. Bartolomé Mitre publica su único trabajo numismático en Buenos Aires en 1904, titulado “Medallas de Vernón” (el apellido acentuado según su criterio). Con unas fotografías de pésima calidad, describe su colección de 70 medallas en general en bastante mal estado de conservación. Salvo por su interés histórico y bibliográfico, no hace ningún nuevo aporte al tema. Consideramos que es oportuno consignar que formaron series de estas medallas, además de Carranza, Rosa y Mitre, Marcó del Pont, Enrique Peña y Julio Marc, éste último la más numerosa con 123 piezas, entre los que podríamos denominar como precursores del coleccionismo en nuestro país.

Entre 1904 y 1911, Herbert Grueber, ya mencionado, quien como editor de la obra de Hawkins había dejado asentado su desdén por estas series, publica en Londres y a través del Britsh Museum, sus “Medallic Illustrations of the History of Great Britain and Ireland”, obra en la que se reproducen por vez primera 89 imágenes de medallas de Vernon, entre las planchas CLIV y CLX, descriptas como los tipos principales y las variedades más importantes.

En 1919, nuevamente en los Estados Unidos, Malcolm Storer, un gran numismático y con enorme cantidad de ejemplares reunidos, publica “Admiral Vernon Medals, 1739 – 1742” en la Massachussets Historical Society. Significó para el autor un enorme esfuerzo, pues reunió múltiples citas de catálogos de subastas y libros previos, la mayor parte sin ilustraciones. En él, por desgracia, su imaginación actuó en forma excesiva haciéndole crear gran cantidad de variantes inexistentes. Elaboró y combinó en su obra, un sistema de clasificación que terminó resultando totalmente inaplicable.

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Marqués de Milford Haven aún Príncipe de Battenberg

El Almirante y Marqués de Milford Haven, de la familia de los Battenberg o Mountbatten como se denominaron después de la primera guerra mundial, publica una obra excepcional denominada “British Naval Medals” en Londres y 1919. Impreso en folio y con papel de excepcional calidad, en él nuestras medallas ocupan 66 de las 499 páginas de la obra. Este autor es quien crea por primera vez un sistema de fácil acceso para el coleccionista – por distintos sitios mencionados, teniendo en cuenta el retrato de Vernon solamente de busto, medio cuerpo, cuerpo entero, leyendas del anverso y leyendas del reverso – llegando a catalogar así 184 variedades diferentes.

 

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José Toribio Medina

El mismo año, José Toribio Medina, el excepcional numismático chileno, publica en Santiago su obra sobre estas medallas y los hechos que las motivaron, aportando abundantísimo material documental que se encarga de  transcribir, y una excepcional cita de obras, folletos e impresos sobre el tema. Frente al trabajo de Milford Haven, sus 143 variantes, parecen un pequeño esfuerzo, pero desde el punto de vista histórico, su trabajo es inobjetable.

Recién en 1937 y con una segunda edición aparecida en 1950, George Charles Montagu, Earl (conde) of Sandwich, publica su obra “British and Foreign Medals Relating to Naval and Maritime Affaires” en Greenwich, Inglaterra. En su primera edición, describe las 126 piezas que están en el National Maritime Museum, con referencias cruzadas a Milford Haven y Betts. Pero en la de 1950 ha incrementado la colección hasta los 205 ejemplares con 17 de ellos en plata. También ha implementado mejores métodos de ubicación. A pesar de que es tan solo nombrado tangencialmente por el Earl, Leander Mc Cormick-Goodhart, de quien hablaremos a continuación, es quien con enorme generosidad ha hecho las grandes donaciones (entre ellas las piezas de plata) que han incrementado a ese nivel a dicha colección.

Leander Mc Cormick-Goodhart, un diplomático norteamericano con pasaporte británico, formó la mayor colección de medallas de Vernon que jamás se había reunido, después de haber adquirido “miles” de ejemplares, según sus propias palabras. En 1945 publica en New York y en un papel de ínfima calidad, debido a la escasez posterior a la guerra, la más práctica catalogación de estos ejemplares, partiendo de la ubicación de algunos detalles fácilmente distinguibles.

Estos son: lugar mencionado, tamaño del busto de Vernon de menor a mayor y luego con dos o tres personajes representados, palabra con la que comienzan tanto la leyenda del anverso como la del reverso y en cuanto al busto del anverso, letra a la que señala la mano del Almirante y en el reverso, las letras a las que corresponden las partes sobresalientes de los edificios más destacados del grabado. Llega así a un total de 241 piezas disímiles, varias de las cuales son en realidad producto de defectos en la acuñación y no de cuños diferentes, las que debemos, por lo tanto, descartar.

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Jorge N. Ferrari hablando en Barcelona (1958) sobre medallas de Vernon

Es, por último y nuevamente en la Argentina, el país en le cual a principios de los años 50, nuestro siempre recordado Jorge Ferrari avanza con un catálogo exhaustivo de estas series. Hace una pormenorizada descripción de 232 variedades como resultado de la correcta eliminación de los duplicados de Mc Cormick-Goodhart y la incorporación de algunas nuevas medallas. Acompaña su obra con muy abundante documentación histórica aún inédita, recogida por él en el Archivo de Indias y transcripta en su original mecanografiado de 900 páginas.

Sin embargo, lo único que él acaba publicando sobre el tema, fue tan solo un artículo de 17 páginas en la revista “Numisma” de España en 1966, donde explica su original catalogación, que tenía como objetivo lograr  una correcta y definitiva clasificación de estas series, apoyándose exclusivamente en una interpretación de carácter fundamentalmente histórico.

A pesar de mis reiteradas propuestas en los años 70 para que editase su libro ya terminado y que yo había visto en su casa, en una confesión amistosa, justificó su negativa terminante y final a hacerlo, con la siguiente frase: “No hay descripción, por más detallada que sea, que pueda competir con una fotografía de excelente calidad”. En efecto, en el libro que había redactado, cada medalla tiene una relación de por lo menos una carilla. En ella se marcan hasta los mínimos detalles del ropaje de Vernon, objetos que lo acompañan, vista del reverso, etc., en una forma increíblemente minuciosa, totalmente semejable a la que había utilizado años antes, en su catálogo de las monedas de la provincia de Córdoba. Mi amigo tenía razón. Su exhaustivo trabajo, por lo menos en lo que hace a la parte descriptiva es, hoy en día y con el avance de los métodos de reproducción, impublicable.

Llegamos finalmente al año de 2010. En el mes de mayo, entró a la imprenta la última y más completa catalogación de estas medallas que se desarrolla a lo largo de poco más de 240 páginas. Ha sido un trabajo de tres años, llevado a cabo en los Estados Unidos por el renombrado coleccionista y autor de obras de numismática y medallística americana, John Weston Adams y en forma simultánea en la Argentina por quien esto escribe. Hemos contado también con la colaboración de Anne E. Bentley, la eficiente y siempre bien dispuesta directora de la Massachussets Historical Society.

La colección más importante jamás reunida de medallas de Vernon, fue en su momento la de Mc Cormick-Goodhart. Durante varios años, la que yo había logrado formar, reuniendo la que había sido de Jorge Ferrari, piezas de Medina, de Marcó del Pont, de Carranza, todas las que estaban en los stocks de los comerciantes argentinos y muchas provenientes de Spinks de Londres así como de comerciantes norteamericanos, fue la segunda en cantidad total de piezas y en cuanto al número de los siempre rarísimos ejemplares de plata. Mi amigo Adams ya me ha superado, así como a Mc Cormick Goodhart y al Museo Británico, ocupando su colección el honroso primer lugar.

Con John, a lo largo de varios años, hemos comparado e intercambiado información, imágenes, datos históricos y documentales, bibliografía, hemos consultado colecciones como las del Museo Británico, el Museo Nacional Marítimo Inglés, la American Numismatic Society, el gabinete numismático de la Universidad de Yale y de la Academia Naval de los  Estados Unidos, al igual que el Museum of Fine Arts de Boston. También se recurrió al Ashmolean Museum, el Hunterian Museum, el Colonial Williamsburg y la National Collection y en la Argentina, a la que formara Julio Marc.

En el año 2010, hemos dado finalmente nuestra investigación por concluida, creando una sistematización que supusimos más fácilmente comprensible y aplicable y, usando los términos que le gustan a mi amigo y co-autor, “user-friendly”, amigable para el usuario. Creo que hemos logrado nuestro objetivo, pues hoy en día todas las piezas de Vernon que aparecen en cualquier subasta, van acompañadas de las iniciales AC (Adams – Chao) y las letras y números correspondientes.

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John W. Adams y el autor en el Country Club de Boston

Mi amigo y yo, nos hemos entretenido mucho durante el tiempo que nos llevó la redacción de la obra, intercambiado nuestros propios criterios, opiniones históricas, datos y detalles, discutiendo sobre la forma de hacer que este libro resultase “El” libro de las medallas de Vernon. Al mismo tiempo, trabamos una profunda y entrañable amistad. Es por eso que debemos reconocer, que sinceramente acabamos lamentando que todo este proceso tan creativo, se hubiese terminado, al tomar la decisión de editar a través de Kolbe – Fanning, la obra que titulamos “Medallic Portraits of Admiral Vernon – Medals Sometimes Lie”.

Lo único que esperábamos con verdadera ansiedad, era que gustase a todos los apasionados por estas medallas y por la medallística en general. Eso se ha comprobado por la aparición inmediata de nuevos estudiosos, que han logrado agregar algunos raros ejemplares, a los ya descriptos en nuestra obra. La subasta de noviembre de 2017 de Daniel Frank Sedwick, trae unas muy interesantes páginas sobre Vernon y sus medallas como introducción a las series reunidas por Richard Stuart, hasta ese momento un desconocido entre los coleccionistas especializados. En el MCA Advisory, hay casi un capítulo permanente, en todos sus números, sobre estas humildes y poco agraciadas medallas. También es de destacar, que nuestro enfoque histórico, diferente de los anteriores, les ha resultado a los lectores, grato, claro y convincente.

Por último, como lo dejamos reflejado en la dedicatoria que precede al libro en sí, nuestra intención ha sido rendir con este trabajo, un merecido homenaje a Mc Cormick-Goodhart y a Jorge Ferrari quienes tanta pasión sintieron por estas sencillas, pero a la vez cautivantes, piezas.

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